sábado, 23 de noviembre de 2013

Tomás mi mano Vanina, lo hacés de tal modo que me sufre el cuerpo por el dolor que repara la felicidad de mi torso. Y tiemblo cada vez que lo hacés desmembrando mi mano, y así no huyo de vos, sinó que preferís quedarte con parte de mí, no conmigo. Es tentadora la opción de liberarme de vos, siempre y cuando tus tarifas se paguen con dinero, haciéndole burla a tus ganas de deberte sangre mientras me llamás a las mañanas en búsqueda de mi.
Vanina, sos tan irremediablemente hermosa, tu belleza de sirena nos hace tan pacientes, tan tristes a los dos. Nos vuelve algo tan lejos de ser enamorados que ya no entendemos lúcidamente el nido en el que dormimos a la luz de mañana, bajo la sombra de las sábanas que me das para esconder mis heridas. Sabrás cual es tu idea sobre mí, pero poco conocés el daño de la noche cuando es en el día que acariciás mis brazos, o poco sabés de las ganas de uir que me llaman desconosoladamente de vos, así como de los imperiosos gritos y murmullos que me exigen y me claman objeto del amor frustrado.
Sos un cielo de lluvia, las ideas te caen sobre los hombros, y hasta los codos soy un emblema de satisfacción, algo así como un vivaz cántico de aleluya, paz y deseo. Las ideas caen a tus manos, movidas por tu odio y ya no queda nada que me retenga cerca tuyo, mas que vos no misma, resonando tu voz por los pasillos y escaleras que me hacen vehículo del hedonismo hacia el afuera que no pisás cuando sos otra mas, alguien mas que solo vos.
Algunos días sos un cadáver, Vanina, sos un cielo esponjoso de una piel blanca, cual una vela casi consumida. ¿Y el fuego? El fuego, desaparecido, es parte de lo inerte que te deja sobre una cama, algo así como una vida que se escapa por el aire que tampoco está, tu alma es algo desaparecido y se escapa conducida por lo que no existe, convenciéndome de lo que no va a haber nunca, todo a través de lo que veo como si fuese real: una Vanina que no conocía fuera de los límites de tu cuerpo, pero si dentro de los límites de mujer.
Vanina se escapa y se vuelve dentro mío. Un pensamiento de mujer en cualquier hombre es una crónica de cómo amarla, sin importar en cuanto uno será amado; Vanina es un todo mental, es un día que comienza alucinando que uno puede ducharse y ella aparecer en la cocina desayunando a la espera de uno, y pueden terminar hasta que la luz se apaga, y los ojos quedan abiertos, buscando en la oscuridad su silueta, la de Vanina.

Vanina es lo que uno mas teme, surge de la nada en momentos de cólera como si fuese un pez esperando horas a una presa mas pequeña, surge de la noche en búsqueda de mi sexo como si fuese una medicina de au ánima, esperando siempre que yo me durmiese primero en mi propio descanso. Vanina es todo lo que amo y odio, y lo que espero ansiosamente para que me mate, pues esta falta de sueño y apetito es un delirio.

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